Principio del Prólogo transparente, de Santiago Gutiérrez
Santiago Gutiérrez
La música es anterior al lenguaje, y el famoso estilo literario —el alma de quien escribe, si la tiene— es pura musicalidad, pulso, cadencia, vórtice de intuiciones sonoras. Ya en la etapa del balbuceo canónico, alrededor de los seis meses, aprendemos acentos antes que palabras y ensayamos sonidos sin saber significados: para nacer, la mente hace ruidos, carga con ellos, trae consigo un fondo de insinuación fonética. Los bebés y los escritores comparten este juego con la raíz musical de la comunicación. Desde Homero hasta Joyce, desde los hexámetros del aedo hasta la criptolalia del genio obsceno, quien escribe no solo baraja los fantasmas de su mente, sino que también juega a ordenar y desordenar melodías, retorcer armonías y hurgar en los ritmos.